¿Se acerca más un gobierno PP-PSOE?
No comparto el regodeo que he visto entre los medios antisanchistas. Los casos de corrupción, aunque graves, no ha afectado que los números en el Congreso siguen siendo favorables para Sánchez. Los que esperan que ya esté acabado están viviendo en una fantasía que no es el mundo del presidente (que es lo único que importa). Es decir, creo en Sánchez cuando dice que las próximas elecciones serán en dos años y no antes.
Tampoco me ha sorprendido que se haya salvado Pedro Sánchez este pasado miércoles en el Congreso—porque no estaba en ningún peligro de verdad. Pese a las fuertes advertencias desde ERC y Sumar, el presidente del Gobierno sabe bien que nada ha cambiado desde las revelaciones de la UCO sobre su ex número tres. Ha hecho lo que haría cualquier buen narcisista: librarse de las responsabilidades y dejar atrás a los que ahora son tóxicos para su causa (sí mismo).
La verdad es que no ha sido muy necesario para el líder socialista sacar adelante un plan de anticorrupción para consolidar su posición con sus socios. Las cartas siguen en sus manos y las piezas del tablero se quedan donde cayeron en 2023. Por todo lo que dice Sumar, Junts, ERC, PNV, Coalición Canaria y Bildu sobre sus “principios”, saben que nunca lo tendrán mejor que la presente situación—y también lo sabe Pedro Sánchez. El miedo de una posible coalición entre el Partido Popular y Vox no es solamente una aversión ideológica, sino también un instrumento táctico para prevenir cualquier contra el Gobierno desde los partido minoritarios. En fin, todos tienen una pistola en la cabeza y los españoles seguimos a la merced de este pacto de destrucción mutua.
Aún así, tampoco los socios del Gobierno tienen de qué preocuparse, si creemos al PP. El rechazo de casi cualquier tipo de pacto con Vox fue lo más iluminador de esta semana porque echa más luz a las posibilidades después de las elecciones en 2027. El PP y Vox son como el matrimonio perfecto sobre el papel: comparten las mismas preocupaciones sobre la amnistía, sobre el independentismo, y (en parte) sobre la economía, pero por alguna razón u otra, no logran entenderse. La experiencia con los pactos deteriorados en los ayuntamientos sugiere que los dos partidos de la derecha serían incapaces de alcanzar un acuerdo a nivel nacional, ni siquiera para enfrentarse a Sánchez.
En el mundo ideal del PP, gobernarían en solitario para evitar una dependencia dañina de un partido de la “extrema derecha”. Es la misma arrogancia que los ha llevado a la situación en la que se encuentran ahora: no hay un fracaso más patético en política que ganar elecciones y no poder formar un gobierno. Pero lamentablemente para los populares, no vivimos en su mundo ideal y, según los sondeos (y la realidad), los números aún no les dan para gobernar. De una manera u otra, tendrán que pactar con algún partido tóxico. entonces, hay que preguntarse; si no pacta el PP con Vox, ¿pactará con el PSOE?
Pues la respuesta a la pregunta ya la tenemos. Ya nos la dio Feijóo en su desesperación por alcanzar la presidencia cuando ofreció a Sánchez el “gran pacto constitucional”. A pesar de que podría haber sido muy bueno para España, Sánchez lo rechazó simplemente porque no lo necesitaba. Pero, cuando castiguen los próximos comicios al PSOE, la posibilidad de un pacto será más atractiva. Y desde luego al PP le beneficiaría porque no tendrán que depender de Vox ni de nadie más, salvo de un partido “constitucionalista” que necesita que alguien le salve el pellejo.
El único obstáculo para una oferta electoral de los populares será la permanencia de Pedro Sánchez. En una posición más consolidada, el PP tendría la oportunidad de exigir a Sánchez su dimisión como líder del PSOE, para luego pactar con quien lo suceda—ya sea Óscar Puente o Salvador Illa—y permitir que Sánchez se escabulla. En definitiva, el PP tendrá las llaves de la próxima legislatura, pero tampoco se va a desaparecer el PSOE.



