La repetición no esperada
El resultado de estos comicios estivales no ha sido lo más alentador. El fracaso de la derecha sólo ha puesto en jaque aún más el constitucionalismo que tanto nos falta. Es más, el casi empate nos ha robado de la precia estabilidad que teníamos con los independentistas, los cuales aprovecharán del fallo de los dos lados conseguir una mayoría. Al final, los que salen perdiendo somos los moderados.
Para mí estas elecciones podrían haber sido una oportunidad para volver al bipartidismo, ósea de un tipo. El hundimiento de Ciudadanos dio paso a una España dividida entre dos movimientos políticos, es decir, la izquierda y la derecha. Efectivamente teníamos dos visiones para España representadas por las supuestas coaliciones de cada uno. Para la derecha, el PP para los demócratas cristianos y los centristas, y Vox para los conservadores liberales y tradicionalistas. Para la izquierda, el PSOE para los socialdemócratas y Sumar para los socialistas. Así, los dos grandes partidos habrían tenido un socio que les hubiera empujado y los pequeños se verían moderados. Lamentablemente, lo que ha sucedido lo echa todo ese sueño a perder.
Culpar todo al PSOE es muy tentador. Si Sánchez no hubiera actuado de una manera tan fáustica tras la moción de censura, no tendríamos el desmadre en el que nos encontramos ahora. Pero la culpa le queda no al PSOE, que se comportó según sus intereses, sino a Ciudadanos que rechazó pactar con Sánchez en 2019. La decisión de Albert Rivera de no formar un gobierno de centroizquierda permitió que se formara el gobierno más radical en el mundo democrático. Por eso, entre otras razones, fue castigado Ciudadanos en las elecciones siguientes hasta su desaparición definitiva este año. Podemos asumió entonces su posición secuestradora sobre el PSOE.
La coalición PSOE-Podemos avalada por los independentistas es probablemente la peor pesadilla para muchos españoles. La amenaza de tumbar el gobierno en cualquier momento seguramente ha alimentado las políticas realmente extremistas. La propagación de la ideología interseccionalista como si fuera un aparato estatal ha superado ya los esfuerzos de Justin Trudeau en Canadá. El intento de extender el interseccionalismo por todos los ámbitos públicos ha sido especialmente pernicioso. Desde la educación a la historia hasta la vida sexual privada, la coalición ha preferido concentrarse en como usamos el lenguaje más que solucionar los retos cotidianos que la gente ordinaria afronta. Es más, debe ser el único gobierno en la OTAN donde la mitad se opone libremente a ella que pone en riesgo nuestro apoyo material a Ucrania. Vaya internacionalismo.
El fracaso de la derecha de descabalgar a Sánchez y la izquierda extrema es una vergüenza que puede resultar muy peligrosa. El fallo de Feijóo de conseguir con Vox la mayoría para gobernar es realmente un problema para los populares en futuros comicios. El resultado aplastante esperado ahora parece una broma y ya nos resignamos a cuatro años más de Sánchez. El error de no cooperar con Vox como posibles socios, la arrogancia de ver el voto como vencido, y la confianza demente de una mayoría absoluta nos ha dejado en apuros. El derrumbe de Vox perdiendo casi la mitad de sus escaños solo se puede culpar al tibio rendimiento de Abascal que no ha movilizado ni inspirado a nada.
No obstante, tampoco entiendo por qué declaran la izquierda la victoria. Ahora Sánchez está en una posición mucho más débil que antes del domingo. Como ellos han proclamado, los independentistas le exigirán un precio aún más caro a cambio de su investidura. Además, la pérdida de escaños de Sumar demuestra que una compaña narcisista no es la ideal. Yolanda Diaz ha fallado en igualar a Podemos con el nuevo movimiento y no ha conseguido el mandato que la izquierda extrema tenía antes. La estrategia de difundir la cara de la Sra. Díaz por dondequiera no ha funcionado y por lo que parece por la comparecencia de Ione Belarra, es probable que eso desemboque una lucha interna dentro de Sumar.
Estas elecciones han sido un desastre para España. En el momento cuando nos falta estabilidad económica y social, el resultado sólo ha amargado la crispación. Estamos al filo de la navaja y jugamos más que nunca con la integridad del país. Necesitamos una solución sólida y moderada que la mayoría de nosotros tan desesperadamente queremos.



