Adiós, Iván. Y al sueño liberal en España
La marcha de Iván Espinosa de los Monteros es el arranque del derrumbe inminente del único partido conservador-liberal en nuestro país. La pérdida de una voz tan virulentamente liberal contra el insidioso avance del interseccionalismo, es una que deberíamos sentir todos, seamos simpatizantes de Vox o no. Además, Espinosa ha tipificado una política más inteligente y menos sectaria a la que tristemente estamos acostumbrados, y su salida del Congreso sólo lo dejarán con menos brillantez y aún más deterioro.
Obviamente, la dimisión de Espinosa de Vox señala las divisiones ya conocidas dentro del partido. El partido de Abascal ha existido como una coalición entre un flanco más liberal y otro más conservador (y reaccionario). La esperanza de los que tenemos una perspectiva más centrista era que los liberales dentro de Vox ganaran el corazón del movimiento, ósea con matices conservadores. Por desgracia, la victoria parece pertenecer a los tradicionalistas.
Hace un año, predije que Vox iba a acabar como Ciudadanos. Frente al llamado ‘efecto Feijóo’, los sondeos indicaban que Vox estaba parado electoralmente. Tanto en Madrid como en Andalucía, Vox ni avanzaba ni retrocedía en las dos elecciones autonómicas y parecía que el partido ya alcanzó su clímax político. No obstante, los comicios municipales fueron alentadores y rindió más posible la formación de una coalición democristiana-conservador-liberal que podría haber descabalgado a Sánchez en el 23J. El fallo en obtener los escaños requeridos para la investidura de Feijóo ha dejado al mismo en una situación risible en la que su desesperación es desbordante.
Pero el fracaso de Vox en conseguir los escaños que ganó en las elecciones de 2019 es claramente una repetición del desgaste repentino de Ciudadanos. Como el partido liberal, Vox está perdiendo su marca política y pronto mucha gente no verá el sentido en votar a ellos en lugar de votar al PP; la sombra de la vuelta del bipartidismo se cierne aún más cercano sobre España. Hay que reconocer que Vox ha intentado inyectar el sentido común en la política: sobre la inmigración, sobre el gasto público, y sobre los impuestos, pero siempre con un tinte desafortunado de extremismo que no es solamente la culpa de los medios de comunicación. Como otros partidos, preveo que Vox se autocanibalice, alejándose de la política convencional a la periferia.
La caída de Ciudadanos y el ala liberal de Vox me hace cuestionar si el liberalismo es apropiado para España. El rechazo por la población del liberalismo ahora no parece una simple falta de educación sobre su programa electoral. No es que los españoles rehuyen de las ideas liberales como los mercados libres, la libertad de expresión, o el gasto público responsable, pero puede ser verdad que a nosotros no nos gusta la libertad como un fin. Quizás el objetivo de la libertad desencadenada, que sí es una parte del sueño americano, no sea una parte de nuestra visión de la sociedad española.
La idea del liberalismo que la libertad es el valor encima de todos los otros no es una muy europea. En Europa, la democracia cristiana y la socialdemocracia tienen en común el apoyo por el estado de bienestar y los principios comunitarios, socialmente hablando. Para nosotros, el individuo junto a la sociedad (o la nación) son parte de nuestra cultura política y abogar más por uno que el otro suele desembocar en o el liberalismo extremo o el colectivismo que presenciamos ahora. Por lo tanto, lo que tenemos que hacer como reformistas es integrar la libertad como un medio para lograr una sociedad más exitosa, sin olvidar de revolucionar como gestionamos el estado de bienestar, y sin destruirlo completamente. La libertad nos falta, sí. Pero a la libertad falta la sociedad también.



